Es por ello que en 1943, a 55 años de su fallecimiento, la
Conferencia Interamericana de Educación -integrada por educadores de toda
América- se reunió en
Panamá y estableció el 11 de septiembre como
Día del Maestro.
Sus ideas, pese a su carácter progresista, eran vistas con recelo por parte de la oligarquía y la Iglesia, a los que
Sarmiento explicaba que lejos de poner en peligro sus intereses, los reproducía y confirmaba: "Para tener paz en la
República Argentina, para que los montoneros no se levanten, para que no haya vagos, es necesario educar al pueblo en la verdadera democracia, enseñarles a todos lo mismo, para que todos sean iguales... para eso necesitamos hacer de toda la república una escuela." Al régimen aristocrático opuso el democrático, dentro de los cánones de la época: la escuela para todos el colegio para los que pueden la universidad para los que quieran. Después de analizar presupuesto de instrucción pública, le escribe una carta a
Rojas Paul: El
Congreso de la República Argentina da 100.000 pesos fuertes para las escuelas en que debieran educarse 400.000 niños, y 280.000 pesos para los colegios en que sólo se educan 1.500, sin que nadie sepa por qué esos y no otros niños son los tan ampliamente agraciados.
Su gran pasión era lo que llamó educación popular, educación nacional o también educación común: La educación más arriba de la instrucción primaria la desprecio como medio de civilización. Es la educación primaria la que civiliza y desenvuelve la moral de los pueblos. Todos los pueblos han tenido siempre doctores y sabios, sin ser civilizados. Por eso son las escuelas la base de la civilización. En consecuencia, durante su presidencia impulsó la educación fundando en todo el país unas 800 escuelas.
Durante la presidencia de
Roca ejerció el cargo de
Superintendente General de Escuelas del Consejo Nacional de Educación. En 1882, logró la sanción de su viejo proyecto de ley de educación gratuita, laica y obligatoria, que llevará el número 1420. Por supuesto, no puede verse en esta postura un rasgo de ateísmo o actitud contraria a la religión.
Sarmiento estaba convencido de la mayor eficacia de la educación laica y, por otra parte, creía que imposición de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas se oponía a los principios de libertad sostenidos en la Constitución de 1853.
La magnitud y alcance la obra educativa de
Domingo Faustino Sarmiento solo se entiende cuando se la considera en el contexto de su modo de pensar la realidad
Argentina de su época, como un conflicto entre civilización y barbarie. La educación se revela como el aspecto más luminoso del
Maestro de la Patria que contrasta con otros aspectos más polémicos y antipopulares de su accionar político. No obstante, la figura de
Sarmiento a trascendido su propia historia y hoy se ha convertido en un símbolo del gigantesco esfuerzo que miles de docentes argentinos desarrollan día a día.
Este artículo está optimizado para dispositivos móviles.